Violencia vicaria aún sin reconocer – Martha Gonzalez Aguilera
La violencia vicaria no siempre deja moretones visibles. A veces no grita, no irrumpe con golpes ni amenazas directas. A veces se cuela por la puerta más dolorosa: los hijos, las hijas, los afectos más profundos. Y eso, la verdad es que duele distinto. Duele más hondo.
La violencia vicaria es una forma de agresión en la que el agresor utiliza a las hijas, hijos u otros seres queridos como instrumento para dañar a la mujer. No se trata solo de arrebatar la custodia o incumplir convivencias; es manipular emocionalmente, sembrar miedo, romper vínculos, desaparecer a los niños, amenazar con hacerles daño o, en los casos más extremos, ejercerlo. Todo con un objetivo claro: castigar, controlar y someter a la madre. Es violencia, sí, pero con un sello particularmente cruel.
En México, aunque durante años fue invisible, hoy sabemos que no es un fenómeno aislado. Organizaciones civiles y especialistas han documentado que más del 70 por ciento de las mujeres que enfrentan procesos de separación conflictiva y violencia familiar refieren algún tipo de agresión ejercida a través de sus hijos. Datos del Poder Judicial y de instancias de atención a víctimas muestran un aumento sostenido en denuncias relacionadas con sustracción de menores, incumplimiento de pensiones como castigo, amenazas de daño a los hijos y litigios prolongados usados como mecanismo de desgaste. En el Estado de México, el más poblado del país, los colectivos reportan miles de casos anuales con características de violencia vicaria, aunque muchos no se registran como tal porque, simplemente, no existe la figura legal.

- Heraldo Estado de México
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