Zaldívar: silencio cómplice – Enrique Aranda

Déjeme decirlo así: desde el momento mismo en que se consumó el anticonstitucional albazo senatorial que abrió la puerta a ampliar por dos años su gestión al frente de la Suprema Corte de Justicia, ¡el balón quedó, literal, en la cancha del ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea!, y el plazo para fijar una posición que le permita dejar a salvo su ahora cuestionada independencia y dignidad, en cuenta regresiva… Es verdad que la ilegal modificación del 97 constitucional —objeto ya de toda suerte de impugnaciones por parte de especialistas y académicos, y aliento de un sospechosismo sin precedente— debe aún ser avalada por la Cámara de Diputados y que sólo después del dictamen de ésta el cambio podrá ser considerado procedente; ello, sin embargo, no exime al principal implicado a posicionarse: “por ser quien es y ocupar la posición que ocupa” es verdad, pero, más allá, por las previsibles consecuencias negativas que en lo que a la preservación del Estado de derecho y el respeto a las garantías políticas de la población se refiere, pudieran derivarse del cambio.

Excélsior