Templo Mayor F. Bartolomé

UNA COSA es segura: eduardo medina mora no renunció por gusto como ministro de la Suprema Corte. No cuando siempre buscó serlo, no cuando le costó tanto trabajo llegar, no cuando le quedaban más de 10 años en el cargo, no en estos tiempos en que el Poder ejecutivo ya controla al legislativo y va también por el Judicial. MÁS ALLÁ de lo que diga la carta que le envió al Presidente, para nadie es secreto que su intempestiva dimisión se da luego de que la Unidad de Inteligencia Financiera dio a conocer que investigaba millonarios depósitos en cuentas del ministro en el extranjero. AHORA la Suprema Corte tendrá cuatro de 11 ministros nominados por andrés manuel lópez obrador y, por lo mismo, se puede intuir que serán incondicionales de su gobierno. A ellos se suma el propio ministro presidente que es muy cercano al mandatario. OBVIAMENTE, el golpe de la salida de Medina Mora le pega muy de cerca a quien, contra viento y marea, lo hizo ministro: enrique Peña nieto. Pero estuvo buena la boda de la hija de Juan Collado, ¿no?